Siempre es un privilegio visitar el rincón de un artesano. El lugar de la magia.
Nuestro amigo Ramón Porras es uno de esos hombres que te sorprenden. Tipo reservado y tranquilo, que de pronto te abre las puertas de un pequeño garaje y nos revela un fantástico tesoro.
Motos y mas motos, almacenadas como trastos viejos, cubiertas de polvo, pero sin duda, al cuidado de unas manos expertas.
Esto, es otra historia. Aquí no se transforma nada, solo se hace andar a ancianas de dos ruedas con mas de cincuenta años a sus espaldas. Motocicletas clásicas que son revividas con paciencia y sin prisas, y aunque parezcan muchas, nuestro anfitrión las tiene muy presentes, todas y cada una de ellas tienen una hoja de ruta, un camino por andar que mas tarde o mas temprano las devolverán al asfalto, donde algún afortunado les dará otra vida.
Me encanta ese olor a mezcla y polvo…